
|
|
|
Baste el tiempo pasado para intentar por nosotros mismos dirigir nuestras vidas. ¡Cuántos errores hemos cometido y cuántas malas decisiones hemos tomado, sin que nadie pueda impedir que, en algún momento, nos tengamos que enfrentar a sus consecuencias! ¡Cuántos tropiezos hemos tenido por creer que nos las sabemos todas! El que más sabio y prudente se considera es el que más se equivoca, aunque tenga que pasar bastante tiempo para reconocerlo. O sea, que el tiempo nos ha demostrado que, por mucho que nos esforcemos en trazar el mejor y más seguro derrotero según nuestra propia prudencia, siempre nos equivocamos. Podemos concluir entonces que necesitamos de alguien que nos dirija, no un ser humano igual que nosotros, sino Alguien superior, el que nos conoce mejor que nadie y sabe siempre lo que más nos conviene, nuestro Dueño y Señor, el Admirable, Jesús, Rey de Reyes y Señor de Señores. "Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte." Prov. 14:12 "Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme al Señor, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos." Proverbios 3:5-8 |

|
||
|
||
|
||
|
||
|
