|
 |
Salmo 63:1-7
Dios mío,
Dios mío, eres tú; de madrugada
te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne
te anhela, en tierra seca y árida donde no
hay aguas, para ver tu poder y tu gloria,
así como te he mirado en el santuario.
Porque mejor
es tu misericordia que la vida;
mis labios te alabarán. Así te bendeciré en
mi vida; en tu nombre alzaré mis manos.
Como de
meollo y de grosura será saciada
mi alma, y con labios de júbilo te alabará
mi boca, cuando me acuerde de ti en mi
lecho, cuando medite en ti en las vigilias de
la noche. Porque has sido mi socorro, y
así en la sombra me regocijaré.
|