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Todo lo puedo "en Cristo"

Dice Charles Swindoll en uno de sus artículos: "Mientras más tiempo pasa, más me convenzo del efecto que tiene la actitud en la vida. La actitud, para mí, es más importante que los hechos, más importante que el pasado, que la educación, que el dinero, que las circunstancias, que los fracasos, o el éxito, que lo que otras personas piensan, dicen o hacen. Es más importante que la apariencia, los atributos, o talentos. Lo interesante es que todos los días tenemos que elegir la actitud que hemos de asumir durante ese día.

 

No podemos cambiar el pasado. Tampoco podemos cambiar el hecho de que las personas actuarán de cierta manera. Lo único que sí podemos hacer es jugar con la única carta que poseemos, y eso es, la actitud ante cada circunstancia. Estoy convencido que la vida es 10% lo que me sucede a mí y 90% cómo reacciono ante ello. Todos estamos en control de nuestras actitudes." (Charles Swindoll)

Definitivamente, no es la circunstancia con la que esté lidiando en el momento, lo que controla mi vida, sino, la actitud que asuma ante ella. Y la pregunta es: ¿Cómo tomar autoridad sobre cada situación, y salir airoso/a? ¿Estamos siempre preparados para tomar la actitud correcta ante la adversidad del momento? ¿Será suficiente el fundamentar cada actitud en pensamientos positivos y frases leídas y aprendidas salidas de cabezas humanas? 

"Transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto." (Romanos 12:2 RVC)

Dice la Biblia que los pensamientos salen del corazón; y el corazón es purificado por medio de la fe; y la fe viene por el oir la Palabra de Dios. (Mateo 12:35, Hechos 15:9, Romanos 10:17) ¿Cuál debe ser, entonces, el primer paso que se debe tomar? -Renovar nuestra mente con la Palabra de Dios para que cada actitud sea conforme a Su perfecta voluntad. Y esto, de día en día. Según alimentamos el cuerpo, también nuestro espíritu debe ser nutrido. Si dejas de comer un día, tu cuerpo se debilita, asimismo pasa con el espíritu. No es una vez a la semana; es todos los días...

Esgrimiendo, entonces, la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, y tomando firmemente el escudo de la Fe, podemos adoptar la actitud precisa para apagar todos los dardos de fuego que el maligno tira a la mente buscando desviar nuestra mirada de Jesús, el autor y consumador de nuestra Fe. 

 

Pero, ¿realmente alimentamos nuestro espíritu como hacemos con el cuerpo físico? Si la contestación a esa pregunta no es en la afirmativa, pues ahí está la razón por lo cual no siempre asumimos la actitud correcta conforme a la Palabra de Dios ante cada circunstancia. 

 

Si un cuerpo débil se enfrenta ante su adversario, éste será noqueado antes de comenzar la primera ronda. Asimismo, un espíritu débil jamás podrá salir airoso ante las provocaciones y acechanzas de las huestes espirituales de maldad.

 

"Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. (Efesios 6:13)

 

No hay otra salida... “Fortalézcanse en el Señor, y en el poder de su fuerza.” Y estaremos preparados para, en Fe y con autoridad, confesar sin temor alguno: “Todo lo puedo "en Cristo" que me fortalece”. (Efesios 6:10, Filipenses 4:13)

 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8)

 

 

Por: Zaida C. de Ramón

Junio 2015

 


 

Las Palabras no me Alcanzan

El día en que el velo que cubría mi corazón fue quitado al toparme con Aquel que anhelaba mi alma, mis ojos espirituales fueron abiertos y comencé a ver y a disfrutar  de aquello que hasta entonces había estado oculto, el maravilloso y real mundo de la Fe. Salí de la mentira al conocer la Verdad; las sendas equivocadas que me tenían extraviada y confundida desaparecieron al llegar al verdadero Camino; las tinieblas se desvanecieron al instante al llegar la Luz a mi vida. ¡JESÚS llegó, me deslumbró y se adueñó de mi corazón!

Al encontrarme de improviso en otro mundo, no me sentí fuera de lugar, todo lo contrario, todo mi ser: espíritu, alma y cuerpo, vivió la experiencia de haber llegado a casa… como el pecesito que entra al agua para disfrutar del ambiente perfecto conforme a lo que el Creador había dispuesto para su mayor deleite. Y lo más hermoso… comencé a advertir los brazos tiernos de mi Amante Salvador rodeándome y sus manos fuertes y seguras, dirigiéndome y protegiéndome. Mi Padre Celestial me encomendó al Buen Pastor y de su mano nadie me arrebatará. ¡Te adoro, Admirable!

El Espíritu Santo, el responsable de esta historia, quien se dio a la tarea de preparar el encuentro entre Jesús y mi persona, continuó lo que comenzó en aquel día inolvidable, y así ha estado desde entonces, revelándome, enseñándome, dirigiéndome, redarguyéndome, alertándome, fortaleciéndome, y provocándome a adorar y glorificar al único merecedor de toda gloria, honra y alabanza: Jesucristo el Señor. ¡Cada día le amo más!

¿Ha sido todo “peaches and cream” como dice el anglosajón, o todo color de rosa como decimos los hispanos? Pues… ha sido una aventura sumamente interesante desde el momento mismo en que comencé a proclamar a los cuatro vientos que mi conversión a Cristo no se dio en el aire, ni en la arena, sino sobre la Roca, y que no entré al ejército espiritual a jugar sino a guerrear, revelándome el Espíritu Santo de Dios que mi lucha no es contra la gente ni contra las circunstancias, sino contra las huestes espirituales de maldad que están detrás. Y como el que está en mí es mayor que el que está en el mundo, confieso de día en día que por Jesús soy más que vencedora. Vivo en VICTORIA porque permanezco en la Fe del Hijo de Dios…

Mi vida en el Señor se da naturalmente. El seguir renovando mi entendimiento por medio de la Palabra, el mantener mi amistad en una relación personal e íntima con mi Dios, y el hablar de sus bondades y grandezas, es mi vida… Todo lo hace Él desde el principio hasta el final. No practico una religión; vivo… la Vida. “Jesucristo en mí, la esperanza de Gloria.”

“Hay momentos, que las palabras no me alcanzan para decirte lo que siento, por Ti, mi buen Jesús. Yo te agradezco por todo lo que has hecho, por todo lo que haces, por todo lo que harás...”

Así canta el corazón agradecido por la misericordia, fidelidad e inmensidad del amor de Dios. “Las palabras no me alcanzan para decirte lo que siento, por Ti, mi buen Jesús.”

Los que hemos vivido la experiencia de encontrarnos con el Admirable seguimos caminando con Él de la mano, gozándonos en su compañía, en su amistad y en su amor, e instando a tiempo y fuera de tiempo para que otros también puedan ser bendecidos.

Si tu alma está sedienta, ven a Él y bebe de la fuente de agua que salta para vida eterna. Quien quiera conocer el verdadero amor, haga la paz con Dios y entre en amores con el Amado.

“Bajo la sombra del Deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar.
Me llevó a la casa del banquete y su bandera sobre mí fue Amor.” Cant. 2:3-4

 

Por: Zaida C. de Ramón

Mayo 2015

 


 

Padre, Perdónalos...

Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús para entregarle a muerte. Y le llevaron atado y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador. (Mateo 27:1-2)

Fueron los religiosos, aquellos que se vanagloriaban por los vastos conocimientos que habían adquirido, los que confesaban con su boca que amaban a Dios por sobre todas las cosas, quienes llevaron al Hijo de Dios hasta la muerte y muerte de cruz. "Y Pilato les respondió diciendo: ¿Quieren que les suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes." (Marcos 15:9-10)

Sí, fue la envidia, "la carcoma de los huesos" (Proverbios 14:30) lo que el diablo sembró en el corazón de los que se consideraban más buenos y santos que el resto del pueblo. Veían en Jesús lo que ellos no tenían y deseaban tener; intentaban llegar a Dios, no por el camino de la mansedumbre y humildad que emanaba de Jesús, sino, por la ruta del salmón, nadando en contra de la corriente; mientras más se esforzaban en buscar a Dios, más se alejaban.  En vez de reconocer su naturaleza pecaminosa, arrepentirse y humillarse ante Dios, se justificaban a sí mismos cual Adán cubriéndose con hojas de parra, sin querer reconocer en Jesús al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. ¡Si hubieran entendido que Aquel a quien ellos crucificaron permitió que lo llevaran cual oveja al matadero por amor a ellos! ¡Cuán grande el Amor de Dios!

Y como entonces, así también ahora. Todo aquel o aquella que ha decidido seguir a Cristo también sufrirá persecución. "Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?" (Lucas 23:31) Mas... "Bienaventurados son cuando por mi causa los vituperen y los persigan, y digan toda clase de mal contra ustedes, mintiendo. Gócense y alégrense porque su galardón es grande en los cielos..." (Mateo 5:11-12)

Cuando se ha llegado al camino que lleva al Padre y se ha recibido la revelación de Quién es la verdad, es imposible no realizar que en eso nos va la vida. Quien se ha encontrado con Jesús en el camino jamás cambiará la miel por el ajenjo; el que mira para atrás no le ha visto ni le ha conocido. Y quien ha salido de las tinieblas para disfrutar de la luz admirable jamás añorará ni el mejor momento que pudo haber disfrutado en el engañoso mundo. En la vida del seguidor de Cristo todo ha sido hecho nuevo. Y, ¡Qué deleitable   es vivir en amistad y en la presencia del Dios Todopoderoso! No hay nada ni nadie que pueda apartar a los hijos de Dios de Su amor.

"¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." (Romanos 8:35-37)

"He visto a gente malvada y despiadada florecer como árboles en tierra fértil. Pero cuando volví a mirar, ¡habían desaparecido! ¡Aunque los busqué, no pude encontrarlos! Miren a los que son buenos y honestos, porque a los que aman la paz les espera un futuro maravilloso." (Salmos 37:35-37 NTV)

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." (Lucas 23:34) Los que crucificaron a Cristo, ¿no sabían lo que hacían? Sí, sabían lo que hacían físicamente, mas espiritualmente estaban ciegos; en esa dimensión desconocida para ellos no sabían lo que hacían y mucho menos lo que les esperaba. ¡Si hubieran sabido lo que era JESUCRISTO para su Paz jamás lo hubieran crucificado! Mas lo que estaba escrito tenía que suceder; si así no hubiera ocurrido, tú y yo no lo hubiéramos conocido ni tendríamos esperanza alguna. ¡Alabado y Exaltado sea el nombre de Jesús por siempre y siempre!

"En el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre." (Filipenses 2:10-11)

Siendo Dios muy bien podía
evitar aquel suplicio;
mas acepta el sacrificio
con estoica valentía.


Quien a la cruz le sujeta,
no son los clavos punzantes.
Es su Amor, Su Amor triunfante,
quien logra que allí esté quieta


Su incomparable figura.

Aquel cuerpo inmaculado,
que carga con el pecado
de las humanas criaturas.

No existe razón más fuerte.
Es ese Amor escondido
en la cruz, que reverente,
hasta el más indiferente
la contempla conmovido.

Versos del Poema: El Amor Crucificado
de Daniel Nuño

Por: Zaida C. de Ramón

Abril 2015

 


 

 Y... lo Damos por Hecho

"Que todo lo que soy alabe al Señor; con todo el corazón alabaré su santo nombre. Que todo lo que soy alabe al Señor; que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por mí. Él perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades. Me redime de la muerte y me corona de amor y tiernas misericordias. Él colma de bienes mi vida y me rejuvenece como a las águilas." (Salmos 103:1-5)

Estamos tan acostumbrados a tomar las cosas "for granted" como dice el anglosajón, o como decimos los hispanos, "dar por hecho"o "dar por sentado", que no realizamos que eso que, durante toda nuestra vida nos ha llegado como bendición, lo subestimamos y no lo valoramos. Las bendiciones espirituales, físicas y materiales las tomamos como si nos las mereciéramos... 

 

La salvación del alma, la salud de nuestro cuerpo, cada necesidad suplida, el sol que nos alumbra y calienta, la luna y las estrellas que adornan el firmamento en la noche, el oxígeno que respiramos, la lluvia que mantiene con vida las plantas que nos dan su alimento, la brisa que nos refresca, y cada persona que ha sido instrumento de bendición en nuestras vidas... todo eso y más debiera mantenenernos en actitud de agradecimiento hacia un Dios que no se cansa de bendecir. ¡Cuántas acciones de gracias de lo más profundo de nuestro ser debieran manifestarse en nuestras vidas cada mañana al despertar! 

 

En cierta ocasión meditaba en algo tan simple como un exquisito plato de comida que, como obsequio, alguien puso en la mesa de una familia. En un santiamén se devora el manjar y se da las gracias acostumbradas por cortesía, sin profundizar en el valor real y justo que tal obsequio merece que se le dé, pasando por alto el esmero, el esfuerzo y el tiempo que le tomó a la persona que lo confeccionó para agradar el paladar de los comensales. Y sobre todo eso, el Dios de amor siempre dispuesto  a usar a quien se deje usar para bendecir, no por mérito alguno, sino, por gracia...

 

Y es que cuando nuestras necesidades son suplidas de día en día pasamos por alto el valor que tiene tan grande bendición. Nadie valora tanto un plato de comida como esa persona que en algún momento careció de ella. Cuando nuestra salud es afectada, ¡Cuánto la valoramos cuando la disfrutábamos! Quienes han perdido su trabajo, ¡Cuán bendecidos piensan que fueron cuando lo tenían! Todo lo que nos llegó como bajado del cielo, y que en su momento no lo apreciamos justamente, ¡Cuánto valor le damos entonces! 

 

¿Quién está detrás de cada bendición que tomamos por hecho como si la hubiéramos ganado? - El Padre Celestial, el Creador de todo lo creado, el Dios Soberano quien no hace nada que no suponga bienestar para sus criaturas; el Dios a quien muchos le adjudican los sufrimientos, las crisis, los problemas, e infinidad de males; Aquel que todo lo creó para buenos y malos, para los que creen en Él y para quienes lo niegan, para quienes se deleitan en su presencia y los que lo ignoran, para aquellos que reconocen su necesidad y para los pre-potentes, para los humildes y para los soberbios y orgullosos... "El sol que Dios creó sale para todos."

 

No ha conocido el amor verdadero quien concibe a Dios como un Dios castigador. Dios no quiere el mal para sus criaturas; sus pensamientos son de paz y no de mal. "Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza." (Jeremías 29:11 NVI)

 

Desde antes que fuéramos concebidos ya el Dios Soberano había diseñado su plan perfecto para bendecirnos completa y totalmente en todas las áreas de nuestras vidas, una vida en abundancia. ¡Y pensar que vivimos cada día recibiendo y recibiendo sin realizar que detrás de cada dádiva hay un Dador que no cesa de colmarnos de sus bondades y beneficios! -¿Acaso porque nos considera buenos? ¿Acaso lo merecemos? ¿Acaso quien más recibe es porque hizo algo para ganarlo? -Jamás ser humano alguno será merecedor del amor de Dios el cual es manifestado para que sepamos que cuando no lo amamos a ÉL, Él nos amó a nosotros con el propósito de acercarnos a Él... Para eso envió a Jesucristo, su Amor personificado.

 

Dispongamos nuestros corazones para ver en todo tiempo y dondequiera que miramos, la mano dadivosa del Dios de Amor Quien, desde el principio hasta el fin, ha estado, está y estará bendiciendo sobremanera a todas sus criaturas. El Padre Celestial no puede hacer otra cosa que amar porque Dios es AMOR... ''

 

"Nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él." (1 Juan 4:16 NVI)

 

Por: Zaida C. de Ramón

Marzo 2015

 


 

¿Aún hay Esperanza?

Un locutor de Chicago lleva su micrófono a la estación central de ferrocarriles y pregunta a diferentes personas su opinión sobre temas de importancia. La pregunta de cierta semana fue: ¿Quién o qué cree usted que es la esperanza que le queda aún a este mundo?" Recibió las siguientes respuestas…

Un soldado  del estado: -"No sé; no tengo ni la menor idea."

Un contable: "Un buen presidente."

Un ingeniero: "Un renacer de la espiritualidad."

Un vendedor ambulante: "Hacer lo que es debido."

Un médico y otras personas: "La paz." (La mayoría de los que contestaron así no tenían la seguridad de que fuera posible conseguirla.)

Una enfermera jubilada: "Esa es una pregunta demasiado difícil para mí."

Un estudiante de derecho: "Un buen gobierno."

Otro estudiante de derecho: "Educar a la gente."

Un operador de computadoras: "Necesitamos a Dios. El hizo al mundo y El lo mantendrá en marcha."

La de un empleado de ferrocarriles fue, sin duda, la más exacta y decidida: "La esperanza del mundo es que las personas se hagan todos hermanos, creyendo en el Señor Jesucristo."

El apóstol Pablo se refirió a esa esperanza como el misterio revelado a los gentiles: "Cristo en ustedes, la esperanza de gloria." (Colosenses 1:27) Y es que es Cristo y sólo Cristo la solución a un mundo en crisis, a una sociedad maltrecha,  a hogares disfuncionales, a familias desorientadas, a personas confundidas cuyo fundamento de vida, para una gran mayoría, es la religión vana con sus huecas sutilezas según las tradiciones de los hombres.

“Cristo es la piedra viva, desechada por los hombres, mas para Dios es escogida y preciosa. (1 Pedro 2:4) Esa es la salida; en eso estriba la esperanza… "Porque en Cristo Jesús no son las buenas obras lo que cuenta; sino una nueva creación."

No habrá paz, no habrá sosiego, no habrá victoria alguna hasta que cada cual, personal e individualmente reconozca a Jesucristo como su Salvador. "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado." Eso dijo Jesús cuando comenzó a predicar. (Mateo 4:17) "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos; Los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados; Los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios." (Mateo 5)

¡Levantemos en alto el nombre que es sobre todo nombre; exaltemos al Salvador del mundo, Jesucristo el Rey, Dios y Señor! El que bajó del cielo para que tú subieras; quien se hizo pobre para que tú te enriquecieras; quien murió para que tú vivieras… ¡No hay quien lo iguale; no hay otro como El!

En El tenemos un Amor que nadie puede cuestionar; una vida que jamás morirá… una paz más allá de toda comprensión… un descanso que nada ni nadie puede perturbar… un gozo que ninguna adversidad mengüará… una esperanza que jamás será defraudada… una gloria que las tinieblas más densas jamás podrán empañar… una luz que nada ni nadie puede opacar… una fortaleza que nunca será debilitada… una pureza que no se puede manchar… una belleza que jamás se marchitará… una sabiduría imposible de ser confundida… recursos que jamás se agotarán… una amistad con Dios el Padre que nadie puede tronchar… una vida junto a El por toda la eternidad.

“El Dios de esperanza les llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Romanos 15:13)

No hay otro nombre en la tierra
tan poderoso y sublime,
como el nombre del Ungido.
El Mesías prometido...
Jesucristo el que redime.

Nombre que ofrece a los hombres
vida eterna y redención,
consuelo a los afligidos,
y al que llora arrepentido,
las delicias del perdón.

No hay para el hombre extraviado
otro nombre más hermoso,
ni con tantas garantías.
Sólo en Jesús, el Mesías,
las almas hallan reposo.

No busquéis otros recursos,
porque no hay más solución
que la que Dios ha provisto.
Sólo en el nombre de Cristo
se encuentra la salvación.

Versos del poema: No hay otro Nombre
Daniel Nuño

Por: Zaida C. de Ramón

Febrero 2015

 


 

Dale la Mano

“Encomienda al Señor tu camino; confía en Él; y Él hará.” Salmo 37:5

¿Cuántas veces has tomado decisiones que, en vez de ayudarte a avanzar, te han detenido? Luego, cuando enfrentas los resultados que en nada son los que esperabas, ¿no te detienes a realizar que han sido producto de tu propio juicio tomado a la ligera y sin buscar la dirección de quien sabe mejor que nosotros lo que nos conviene? Dice la Biblia que: “Es necio quien confía en su propio corazón; mas el que camina en sabiduría será librado.” (Proverbios 28:26)  De muchas aflicciones nos libra el Señor cuando permitimos que Él nos dirija.

Desde el principio el ser humano se ha considerado independiente y autosuficiente, sin sentir la necesidad de la guianza de su Creador para subsistir. Así es su naturaleza... Mueven su propio brazo, o buscan el apoyo de sus congéneres, mas a Dios ignoran.  Mejor es confiar en Dios que confiar en el hombre...

Yo he vivido la realidad de que, separados del Señor, nada podemos hacer... Mas, tal entendimiento no llegó a mi corazón por arte de magia ni por esfuerzo propio alguno ni de nadie... El amor de Dios se manifestó a mí en una experiencia personal y única de justificación por la fe en Jesucristo; sacándome el Señor de las tinieblas y plantándome en  su luz admirable, moviéndome del mundo natural al mundo de la fe. Mis ojos se abrieron y entonces comprendí que, “La justicia de Dios es revelada por fe y para fe, como está escrito: El justo por la Fe es que vivirá.” (Romanos 1:17) No es lo que vea, sino lo que crea... Y al igual que yo, todos aquellos que han sentido la necesidad imperiosa de que el Dios del cielo les dirija.

Por tanto, para poder confiar en Él, debemos dejar de confiar en nosotros mismos o en los demás... considerando al ser humano un ente inútil y desprovisto de poder para hacer la diferencia entre el vivir y el mero existir.

Es imposible, para el pámpano que brota del árbol, poder permanecer con vida si es separado del tronco y privado de la savia que lo sustenta. Así mismo, el ser creado por Dios no puede vivir separado de su Creador. Existe, pero no vive la vida victoriosa y abundante que Dios proveyó a través de su Hijo Jesucristo. “Confía en el Señor de todo tu corazón, y no dependas de tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:5-6)

Cada decisión tomada es como una semilla sembrada; la calidad de cada una determinará los frutos que habrán de segarse en su tiempo; serán buenos o serán malos. Estos no se ven inmediatamente; tiene que pasar un tiempo considerable, a veces bastante largo, antes de ver los buenos resultados o... las consecuencias. Conforme a la semilla que se siembra, así son los frutos que se recogen, pues,  “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas 6:7) Si es el Príncipe de Paz quien te dirige, tus frutos serán dulces como la miel...

Lo interesante es que en Cristo no hay que esforzarse para producir buen fruto; se da naturalmente si  permanecemos en Él... Él es la simiente incorruptible; Cristo es la semilla. “El fruto: Cosas buenas, rectas y verdaderas (bondad, justicia y verdad).” (Efesios 5:9)

Al comienzo de un nuevo año, detente; haz un alto y enfréntate a una evaluación sincera de los frutos que hasta ahora has segado. ¿Hay anhelo de un cambio de semilla, o prefieres seguir como hasta ahora, valiéndote de ti mismo/a, aún viendo que los frutos recogidos, más que endulzar tu vida, la han amargado?

Dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” (8:14) Y, son hechos hijos de Dios, aquellos que creen de corazón en el nombre de Jesucristo y lo confiesan con su boca para salvación. (Juan 1:12) (Romanos 10:9-10)  

De manera que, si aún no te has rendido ante los pies del Admirable Príncipe de Paz, y deseas darle las riendas de tu vida... “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2)

Enfréntate al nuevo año con un espíritu nuevo, una mente nueva y un nuevo corazón... lo que realmente vale: No un nuevo año sino, una nueva creación... mirando hacia un futuro lleno de gloria y esperanza. Son los valientes, osados y atrevidos quienes arrebatan el reino de los cielos...

 “... el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gálatas 6:8)

Por: Zaida C. de Ramón

Enero 2015

 


 

 

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