La Honestidad me ayuda a alcanzar mis Metas

Hay principios y valores por los cuales la gente vive, y los que ayudan a enfrentar los asuntos que se presentan de día en día, ya sea para mantener la fe en todo tiempo o sólo para respetar a los demás de la manera que quieran que se les respete a ellos. La ley por la cual yo me rijo y es mi fundamento de vida, se basa en … la Honestidad.

Fui enseñado que la mentira sólo sirve para meterme en más problemas de los que ya pudiera tener. Siempre he tratado al máximo de no recurrir a ella. El ser honesto es una cualidad que todos necesitamos tener para llegar a donde nos hayamos propuesto.

Desde mi niñez, mis padres me enseñaron la importancia de la hones-tidad, porque es lo correcto y lo que todos debemos hacer. Ahora, como adulto, he realizado algo muy importante que puede cambiar la forma en que la gente me ve. Una sola vez que deje de ser honesto recurriendo a la mentira, cambiaría dramáticamente la opinión que otros tengan de mí y su forma de tratarme. Cuando se dice una mentira, se pierde para siempre la confianza que tenían en uno por lo cual tendría que pasar toda la vida tratando de recobrarla.  De ahí en adelante, las cosas que hable serán tomadas livianamente y con recelo por lo que el trato hacia mi persona sería completamente diferente.

Para mí, el perder la confianza de alguien, sería algo horrible que no quisiera tener que enfrentar. La relación con los demás cambiaría por completo ya que considero eso un ingrediente esencial en cualquier relación. Mi opinión cambiaría radicalmente hacia cualquiera que deje de ser honesto. La honestidad es tan importante para mí como lo es mi familia. Confío que también en mis hijos tenga el mismo valor para que puedan apreciarlo.

“Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán a tu santo monte y a tus moradas.”Salmo 43:3

 

Por: Autor Desconocido

 

El Verdadero Tesoro

La niñita de casi cinco años esperaba con su mamá en la fila para pagar cuando alcanzó a ver un collar de perlas en una cajita rosada.

-“Por favor, mami, ¿puedo tenerlo? Por favor mami, por favor.”

La mamá miró la cajita por detrás y volvió a mirar los ojitos suplicantes de Jenny. “$1.95, casi $2.00. Si realmente lo quieres, pensaré en tareas extras que puedas hacer y en poco tiempo podrás tener lo suficiente para que lo compres tú misma. En una semana será tu cumpleaños y tal vez recibas $1.00 de Abuela.”

Tan pronto Jenny llegó a la casa vació su alcancía. Tenía 17 centavos. Después de cenar hizo más de las tareas asignadas y le preguntó a su vecina si podía recogerle unas flores por 10 centavos. En su cumpleaños, su abuela le dio otro dólar y pudo reunir lo suficiente para comprarse el collar que tanto anhelaba tener.

Jenny amaba sus perlas. La hacían sentirse grande y bien vestida. Se las ponía hasta para dormir. Sólo se las quitaba para bañarse, pues si se mojaban se le ponía el cuello verde; eso le dijo su mamá.

El papá de Jenny la amaba mucho. Cada noche iba a su habitación a leerle un cuento. Una noche al terminar de leer le preguntó a Jenny: -“¿Tú me amas?”

-“Oh, sí, Papi. Tú sabes que te amo.”
- Entonces, dame tus perlas.”

-“Papi, no, mis perlas no. Pero te puedo dar a Princesa, el caballo blanco con la cola rosada que tú me regalaste. Es mi favorita.

-“Está bien mi amor, te amo. Buenas noches.” Se despidió dándole un beso en la mejilla.

Una semana más tarde, después de leerle la historia, el papá de Jenny volvió a preguntarle: -“¿Me amas?”

-“Papi, tú sabes que te amo.”
-“Entonces, dame tus perlas.”

-“Oh, Papi, mis perlas no. Pero te puedo dar mi pijama. La que me regalaron en mi cumpleaños. Es tan bella, y también te puedo dar la sábana amarilla que combina con las chinelas.”

- “Está bien. Que duermas mucho. Dios te bendiga, chiquita. Papi te ama.”  Y como siempre se despidió dándole un beso en la mejilla.

Varias noches después cuando el papá entró a la habitación, encontró a Jenny sentada en su cama como se sientan los indios. A medida que se acercaba, él notaba que la barbilla de Jenny le temblaba y una lágrima silenciosa rodaba por su mejilla.

 -“¿Qué te pasa, Jenny? ¿Cuál es el problema?”

Jenny no dijo nada pero levantó la manita a su papá. Cuando la abrió, ahí tenía su collar de perlas. Algo temblorosa, finalmente dijo: “Toma Papi, es para ti.”

Con lágrimas en sus ojos, el bondadoso papá de Jenny tomó con una mano el collar de fantasía y con la otra buscaba en su bolsillo. Sacó una cajita de terciopelo azul que contenía un collar de perlas genuinas y se lo dio a su amada niña. Las había tenido todo el tiempo, sólo esperaba que Jenny se despojara del collar comprado en una tienda de a peso, para darle su tesoro genuino y de valor real.

 Así también obra nuestro Padre Celestial.

¿A qué cosa estás tú agarrado/a y que por nada quieres soltar?

Autora de la historia: Alice Gray

Bobby y el Salmo 23

Como médico dedicado al cuidado de los niños experimento a diario la extraordinaria energía, fortaleza y fe de los físicamente más frágiles que nosotros. Uno de los casos tiene que ver con Bobby, un niño de 5 años a quien le habían diagnosticado leucemia cuando apenas tenía cuatro.

El cáncer de Bobby había sido controlado; ya no padecía de la enfermedad pero había venido al hospital para hacerle una serie de pruebas.

Bobby tenía ojos de un azul muy intenso y una tímida sonrisa que a primera vista no revelaba la sabiduría que había adquirido durante ese año de lucha contra el cáncer. Él había perdido todo el cabello como consecuencia de la quimioterapia, que muchas veces lo dejaba nauseabundo y sin ganas de comer. Había pasado por numerosos procedimientos y este día no era la excepción.

Sabía exactamente lo que le esperaba, ya había pasado por lo mismo antes. Le expliqué lo que íbamos a hacer, el por qué, y la importancia de que permaneciera muy quieto. Bobby me aseguró que no se movería, y me prometió que las enfermeras y tecnólogos que lo atendían no iban a tener que sujetarlo.

Antes de empezar, Bobby preguntó:

- Dr. Brown, ¿está bien si recito el Salmo 23 mientras me pincha?
- Por supuesto, me parece bien, le dije, y comenzamos nuestra labor.

Bobby recitó bellamente, sin derramar ninguna lágrima ni moverse. El procedimiento se realizó sin contratiempos. Con su tierna sabiduría, trataba de tranquilizarme.

- Doctor, realmente no me dolió mucho.Todos sabíamos que le había dolido. Entonces Bobby me tomó por sorpresa cuando me preguntó: >>

- ¿Dr. Brown, sabe usted el Salmo 23?
- Claro que sí, respondí.

- ¿Puede decirlo de memoria como yo ? -Se dirigió a mí, mostrándose un poco dubitativo.

- Vaya, no estoy seguro, pero creo que puedo hacerlo. -Le dije, al percatarme de que no tenía escapatoria.

- Entonces recítelo en frente de todos. Señaló Bobby.

Comencé a pronunciar el salmo equivocándome en cada verso. Mi interpretación fue bastante pobre comparada con la de Bobby, y eso que yo no tenía ninguna aguja clavada en la espalda. Me di cuenta que todos los que estaban en la sala trataban de escabullirse por miedo a ser los próximos invitados a recitar, una posibilidad mucho más aterradora que la de actuar ante un gran auditorio.

El encantador y calvo Bobby nos dijo a todos:

- ¿Saben? ustedes deberían aprenderse el Salmo 23 de memoria, porque cuando uno lo recita en voz alta, Dios te escucha y reconforta tu corazón todas las veces que no puedes ser fuerte por ti mismo…

....Puesto que el reino de Dios pertenece a aquellos que depositan su confianza en Él. “El Señor es mi Pastor; nada me faltará”. Salmo 23.

De: Renuevo de Plenitud

La Verja y su Enseñanza

Éste era un niño con un carácter muy fuerte. Un día, su padre, queriendo darle una lección, le entregó una bolsa con clavos dentro y le dijo, que cada vez que perdiera su temperamento, fuera hasta la verja que estaba en la parte trasera de su casa y, con el martillo, le enterrara un clavo.

El primer día, el niño le incrustó 37 clavos a la verja. Según pasaban los días iban bajando en número. Descubrió con este ejercicio, que le era más fácil controlarse, que seguir clavando. Llegó el día, cuando el niño se pudo controlar en todo momento sin dar rienda suelta a sus rabietas.

Muy contento, se lo comentó a su padre quien le sugirió, que de ahí en adelante, por cada día que pudiera controlar sus impulsos, fuera a la verja y sacara un clavo de los que le había enterrado. Los días pasaron y por fin el niño estuvo listo para decirle a su papá que ya había sacado todos los clavos.

El padre tomó al niño de la mano y lo llevó hasta la verja. Le dijo: “Has hecho bien, hijo, pero… obseva ahora todos los rotos que hay en la verja.” Esta verja jamás volverá a ser la misma. Cuando tú dices ciertas palabras con ira, y ofendes a personas, ésto deja una marca igual que éstas que vemos en la verja. Tú puedes herir a alguien con un arma y luego arrepentirte, pero no importa cuántas veces le digas que sientes haberlo hecho, la cicatriz en él, permanecerá. Una herida causada por una palabra ofensiva es tan horrible y dañina como una física.

Por: Autor Desconocido

¡Cuán ricos somos!

Un día un matrimonio rico, se llevó a su único hijo a un viaje con el firme propósito de demostrarle cuán pobre la gente puede ser. Pasaron un día y una noche en la finca de una familia sumamente pobre. Cuando regresaron de su viaje, el hombre preguntó a su hijo. 

- ¿Cómo estuvo el viaje?

- ¡Muy bueno, papá!

- ¿Te fijaste cuán pobre la gente puede ser?  el papá le preguntó.

-¡Por supuesto!

-Y, ¿qué aprendiste?

El hijo le contestó: -Yo noté que nosotros tenemos un perro en casa y ellos tienen cuatro. Tenemos una piscina que llega al medio del jardín; ellos tienen un lago que no tiene final. Nosotros tenemos lámparas que se han importado para alumbrar el jardín; ellos tienen las estrellas.  Nuestro patio ocupa un espacio limitado; ellos tienen todo un horizonte completo.

Cuando el pequeño terminó, su padre se quedó mudo.

Su hijo añadió: -Gracias, papá, por mostrarme ¡lo “pobres” que nosotros somos!

¿No es verdad que todo depende de cómo tú ves las cosas? Aunque te falte todo en esta vida, si tienes a Cristo en el corazón …¡lo tienes todo!
Lo verdaderamente valioso no se puede comprar. Puedes poseer todos los bienes materiales que puedas imaginar, provisión para el futuro, etc., pero si Jesús no está en tu corazón … tienes nada.

"A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.
Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna." 1 Timoteo 6:17-19

Autor Desconocido

Bendecido para Bendecir

Un hombre tenía un sembradío de flores estupendas. Cada día salían de su cultivo centenares de paquetes para vender en la ciudad con las flores más bellas y fragantes que hasta entonces se habían visto en los alrededores de su territorio.

Año tras año, ganaba el premio de las flores más grandes y de mejor calidad y como era de esperarse, era la admiración de todos en la región. Un día se le acercó un periodista de un canal de televisión y le preguntó, cuál era el secreto de su éxito, a lo que él le contestó:

- Mi éxito se debe a que de cada cultivo saco las mejores semillas y las comparto con mis vecinos para que ellos también las siembren.

- ¿Cómo? – respondió el periodista. Pero eso es una locura, ¿acaso no teme que sus vecinos se conviertan en su competencia?

El hombre dijo: - Yo lo hago así porque al tener ellos buenos sembradíos el viento me va a devolver buenas semillas a mi cultivo y la cosecha va a ser mayor. Si no lo hiciera así, ellos sembrarían semillas de mala calidad que el viento traería a mi cultivo y cruzaría las semillas, haciendo que más flores sean de mala calidad. Así, todos somos bendecidos.

Lo mismo ocurre en nuestra vida. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien también, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros igualmente encuentren la felicidad, pues el bienestar de cada uno está unido al bienestar común.

Artículo tomado de: Reflexiones de Aliento Diario

La Simplicidad de la Vida

Mis padres sabían muy bien en qué consistía su tesoro: su fe en Dios, sus seis hijos, y ellos. Siempre trataron de llevar una vida sencilla y libre de cargas, cosa de dedicar todo su tiempo a lo que para ambos, era lo más importante.

Nunca ambicionaron una casa más grande, pues eso los hubiera obligado a trabajar más para poder cumplir con el pago mensual. ¿Quién me hubiera acompañado entonces en mis caminatas diarias? o, ¿quién me hubiera escuchado cuando necesitaba un consejo?

Nunca tuvieron un carro lujoso, pues hubieran tenido que trabajar doble para poderlo pagar. Además, el caminar cada sábado hasta el centro comercial conmigo, le hacía mucho bien a mi papá, y me hacía sentir muy especial al poder disfrutar de su compañía.

Una de las cosas que más me alegraba era ver a mis padres ir cada noche a su habitación después de compartir con nosotros el altar familiar. Les oía hablar sobre los acontecimientos del día en feliz armonía.  Aún en mi niñez, podía palpar el deleite que ellos sentían al estar juntos.

La pregunta que me hago hoy es: ¿Hubieran podido ellos llevar a cabo cada noche aquel ritual tan rico, y sustentar su matrimonio, si hubieran estado preocupados por pagar cuentas inútiles adquiriendo lujos o artefactos modernos para ellos o para sus hijos? Yo no lo creo. Por eso, al haber sido partícipe de tan rica experiencia, he tomado mi decisión al respecto: Yo tampoco quiero esa clase de vida.

Por: Autor Desconocido

 

Esta historia conmueve al ver los resultados de vivir una vida sencilla y al alcance, no de intereses particulares sino, de nuestros bolsillos. Vale más una vida libre de tensiones y poder disfrutar cada noche de un sueño reparador, que poseer todos los tesoros del mundo.

Hay un orden para todo y debemos conocerlo para poder disfrutar de la vida abundante que Jesús vino a darnos. Cuando nuestra escala de valores está en armonía con la voluntad de Dios, el resultado es … Paz.

Más Vivencias ... ► ►

 

 

 

.